La comida de los mediocres

15 Mar

mediocresEn el mundo de la cooperación se ha convertido en algo habitual el dar comida a los asistentes a cualquier tipo de eventos que se realice. Después de haber visto que lo mismo se repite en varios países y por todo tipo de organizaciones he empezado a indagar en el tema, ya que, cuando uno se muestra contrario a esta práctica enseguida recibe la respuesta de “es que es la costumbre en nuestra cultura, ofrecer comida”. Que yo sepa, “antes” no había talleres que duraran todo el día sino que la gente se reunía para celebrar, charlar o visitarse lo cual se puede considerar como reuniones de cortesía, familiares y no de trabajo como son los talleres o reuniones que las organizaciones auspiciamos.

No he encontrado en internet, ni buscando más allá de Wikipedia, ningún argumento que diga que es un hecho cultural invitar a gente para soltarles un rollo y que para ello haya que ofrecerles comida. Más bien es que como somos conscientes de que lo que les explicamos no les interesa demasiado y muchas veces es de una calidad deplorable, para conseguir llenar nuestras fichas de asistencia, les ofrecemos comida. De ahí a reconocerlo como un hecho cultural sólo hay un paso, y a más comida, mayor es la demanda de los que asisten a estas actividades.

Cuando la gente tiene interés en algo va a cualquier sitio y hace esfuerzos por conseguirlo. Una charla interesante siempre hará que la gente asista. Yo lo comparo con el cine. Voy al cine cuando me interesa la película y estoy dispuesto a pagar por ella. Una “americanada”, aunque sea gratis, no la voy a ver, ni que me regalen palomitas de maíz.

No sólo la gente se ha acostumbrado a que se les de la comida cuando van a un acto, sino que además en muchos casos, cuando los que asisten son funcionarios, cobran viáticos de la institución en la que trabajan y que se embolsan sin sonrojarse ya que no comunican que han recibido comida y además lo ven como una compensación al esfuerzo que han hecho por ir en un vehículo oficial a esa actividad. Suele coincidir que mucha de esta gente es la que a grandes voces habla de ayudar a los más necesitados.

Normalmente he observado que la calidad de la comida que se ofrece es inversamente proporcional a la calidad de la charla que se da. A menos calidad ofrecida, más interés tiene el mediocre en ofrecer una buena comida, a la que los asistentes acuden, si puede ser incluso sólo una media hora antes de que termine el acto, para no tener que aguantar todo el tostón de la charla.

Además no es de extrañar que en charlas que tienen que ver con temas agrícolas, ambientales y de desarrollo económico se sirva la comida en platos, vasos y cubiertos de plástico desechables, la bebida suele ser una gaseosa embotellada y la comida traída posiblemente de otra localidad cercana con la que se mantiene una relación de amistad, de tipo familiar o incluso de comisión, bajo la excusa de que “ahí” nos dan factura. Se obvian los platos de cerámica que suelen fabricar mujeres en la localidad, las bebidas de frutas que se pueden comprar en las cercanías, el poder contratar a una persona que cocine los productos locales en el mismo lugar donde se celebra la actividad y es que el Desarrollo Económico Local normalmente el mediocre lo explica sólo a nivel teórico. Ya la práctica es para los demás.

Hay que diferenciar entre la gente de zonas rurales, realmente pobres, que asisten por una simple necesidad de hambre de los tracatanes de la ciudad, normalmente funcionarios que cobran un salario más que apreciable comparado con la media de la población, pero que intentan asistir al máximo de estas actividades para ahorrarse la comida y que además, si se les pregunta, suelen quejarse de la calidad o cantidad de la misma. Se les suele reconocer por sus prominentes barrigas, por ser funcionarios públicos y porque son los que más vehementes a la hora de hablar de las necesidades de los más pobres.

Filipinas y tifones

18 Nov
Imagen después del tifón Haiyan

Imagen después del tifón Haiyan

Filipinas, con una superficie de unos 300.000 km2 es algo mayor que la mitad de España (505.000 km2) aunque su población dobla a la española con 96 millones de habitantes por nuestros 47 millones. Así la densidad de población es prácticamente cuatro veces más, con 327 habitantes por km2 en vez de los 91 que tiene España. Si a eso le unimos que sus habitantes se encuentran concentrados en unas 4.000 islas de las 7.107 de que consta el archipiélago filipino, además de que los interiores de éstas normalmente se encuentran despoblados y la gente se concentra en la costa, se puede uno imaginar la presión que hay sobre las franjas costeras. Esta presión es poblacional, pero también de los recursos, ya que sus habitantes viven en general todavía con una visión de recolector-cazador, saliendo a mariscar cuando la marea baja, a cortar los árboles de los manglares para la construcción de barcos, cosechando los cocos que crecen fácilmente en esas tierras, por lo que van esquilmando cada vez más su propio entorno. En la mayoría de los casos las aguas residuales van directamente al mar y las basuras también, para así acabar de cerrar el círculo de pobreza y enfermedades. El aumento de población, un elemento determinante pero al que nadie se atreve ni a nombrar, hace que la presión sobre los territorios sea cada vez mayor, con la gente pobre viviendo en los márgenes de los ríos, en palafitos en el mar, siendo por lo tanto las víctimas propicias para cualquier tifón, del que realmente no importa su velocidad sino las condiciones de precariedad que encuentra a su paso. A pesar de que Filipinas es la 46ª economía mundial, el segundo mayor productor de oro del mundo y unos de los mayores productores de cobre, la repartición desigual de la riqueza que están en manos de unas pocas familias y empresas, quienes se reparten el poder y el dinero, perpetúan este sistema desigual corrupto. El sistema de feudalismo familiar está seguramente copiado de la época colonial española, en el que los cargos políticos en pseudo-elecciones democráticas, se heredan entre familiares.

Las organizaciones internacionales y las locales dan cursos y más cursos sobre prevención de desastres, pero el desastre es la propia institucionalidad del país, las condiciones en las que vive la gente y la falta de una planificación estratégica que englobe a las clases más desfavorecidas. Las ONG locales ejecutan los proyectos más preocupados en asegurar sus salarios y viáticos, con personal no especializado mientras las ONG internacionales muchas veces no cuentan con expertos ni con la supervisión suficiente para dar seguimiento al despilfarro del dinero que se hace sin realmente estar previniendo ningún desastre, en aras del “empoderamiento” de las instituciones locales. La asistencia a los cursos de prevención de desastres cuentan con asistencia porque en ellos se da comida gratuita, a los que las mujeres asisten y firman para cumplir con la cuota de género pero en las que realmente se dedican a preparar y repartir la comida.

Con los sistemas de alerta existentes se sabe de la llegada de un tifón de esta magnitud con mucho tiempo de antelación, igual que ocurrió con Haiyan. Así que el problema no es la falta de prevención sino que las personas no abandonan sus casas por miedo al saqueo y por ellos esperan hasta el último momento, cuando ya es tarde. Las autoridades claramente no han estado preparadas ni antes ni después, no hay suficientes lugares seguros donde resguardarse y no hay un ordenamiento territorial que evite el establecimiento de la población en lugares de riesgo. Aunque la legislación filipina contempla todas estas medidas, trabajando allá pude ver que desde los más poderosos hasta los más pobres, todos se saltan estas leyes.

Se investiga y escribe mucho sobre cambio climático, pero hay una brecha entre la investigación y la realidad de las poblaciones afectadas. En esta brecha es donde más habría que trabajar y es donde los intermediarios, las organizaciones internacionales y gobiernos locales están fracasando. El año que viene habrá más tifones. El problema no es Haiyan, el problema somos todos los que trabajamos en esto y no somos capaces de cambiar las cosas.

IMPACTO

25 Sep

En todo proyecto, en mayor o menor medida, en un período de tiempo más o menos largo, siempre queremos conseguir un efecto con nuestras actuaciones. Es lo que llamamos impacto y el determinar cuáles son los indicadores que necesitamos para medirlo y el tiempo necesario para conseguirlo son siempre un caballo de batalla con el que lidiar antes de iniciar el proyecto. Debemos saber con qué datos de partida contamos y cuándo haremos las mediciones. Lo ideal es poder relacionar las mediciones de impacto y su sostenibilidad con los indicadores del proyecto.

Para ello también debemos tener en cuenta los objetivos que se fijan en un proyecto y que se pueden resumir en un acrónimo: MARTE, o sea que los objetivos sean

Medibles, Alcanzables, Retadores, Temporales y Específicos

gráfica

Maximizar recursos en la formación

23 Jun

Imagen

Suele haber en todo proyecto un componente de formación, importante para que los/as beneficiarios/as adopten los nuevos conocimientos o las tecnologías que se implementan. Estas pueden ser algunas ideas para mejorar este componente y sobre todo maximizar los recursos, cuello de botella de muchas pequeñas organizaciones:

1. Los formadores suelen ser los técnicos del proyecto sin formación específica como formadores ni a veces siquiera en los temas que se imparten. Debemos asegurar que ambos aspectos se cumplan.

2. Para mantener la cuota de género se invita a las formaciones a mujeres que normalmente no trabajan en las actividades sobre las que se está formando. Cuando formulemos el proyecto debemos tener claro cuál es la cuota de participación de las mujeres en esa actividad (por ejemplo 10% de mujeres frente al 90% de hombres en el caso de la agricultura) y mantener esa cuota de participación en la formación. Llevarlo al 50% por un supuesto “enfoque” de género es perder tiempo, esfuerzos y dinero.

3. Los gastos de las formaciones se van en un buen porcentaje en desplazamientos y sobre todo en comida. Este gasto, cuando hablamos de medios escasos, conlleva la reducción de la posibilidad de llegar a más beneficiarios con más formaciones, por lo que se deben reducir al máximo.

4. Para reducir el gasto de desplazamiento debemos evitar las formaciones en lugares alejados de donde están los beneficiarios, a veces solo para llevarlos a un centro donde poder usar el power point. Es más económico llevar al/los formadores donde están los beneficiarios y en el caso de la agricultura incluso dar la formación en alguna de las fincas. Se gasta menos y se aprende más. Eso sí, el formador debe tener los conocimientos suficientes y no necesitar el power point.

5. En las ONG hemos aprendido muy rápido que si damos comida, los beneficiarios acuden como moscas al panal, lo que es una perversión de la enseñanza. El reto debe ser que los beneficiarios acuden porque saben de la calidad de lo enseñado. La excusa de que se les da de comer porque son pobres no sirve. Si el proyecto es asistencial se entiende que se les de comida pero si nuestro proyecto es de desarrollo, debemos maximizar los recursos y ofrecer calidad y formaciones de calidad y de aplicación práctica.

Definir conceptos en los proyectos

2 Jun

Trabajando en Mauritania, con una ONG catalana, el representante de la misma dio un curso a mujeres de una comunidad que sembraban hortalizas en pleno desierto, en una zona donde contaban con una pequeña fuente de agua. El curso hacía énfasis en métodos de cultivo y en hacer conservas para la época en que no se podía cultivar. Este cooperante, catalán también, me contó que durante el mes que duró el curso que impartía en francés y era traducido al hassania, siempre hizo hincapié en algo tan catalán como el ahorro, repitiendo esta palabra una y otra vez. Al final del curso una mujer en la ronda final de preguntas le preguntó qué era lo que significaba eso que estuvo repitiendo tantas veces de “épargner” (la palabra francesa épargner significa ahorrar, y también en sentido figurado, evitar).

Algo similar me ha ocurrido en Filipinas donde he estado preguntando en varios proyectos y a varios técnicos qué es un “agricultor” para ellos. Para mí un agricultor es una persona propietaria de tierra que tiene como actividad principal la agricultura y por lo tanto la mayor parte de sus ingresos (más del 50%) provienen de esta actividad. Pero para otros un agricultor es simplemente alguien que vive en el campo.

Y a partir de ahí uno se puede encontrar muchas más definiciones, casi tantas como a gente les preguntes, no importa si son técnicos o no. A la hora de ejecutar un proyecto e intentar cumplir con los objetivos marcados en el mismo, entre las que en muchos casos se cuenta la de incrementar el nivel de vida de las familias agriculturas, estos conceptos son de suma importancia ya que no se puede ayudar con medidas dirigidas a la agricultura a un agricultor que en realidad no lo es. La definición y clasificación de agricultor/a en realidad depende del país, de la zona y del tipo cultivo y suele estar definida para estas características por el ministerio o departamento de agricultura correspondiente.

A raíz de ello me he empezado a preguntar sobre otros conceptos que aparecen a menudo en los proyectos como sostenibilidad, que aunque hay definiciones suficientes sobre ello, debemos ser capaces de ajustarlo a lo que estamos haciendo en el proyecto. Otro concepto del que tengo que confesar que no sé muy bien lo que significa es el de gobernanza y sobre ello ya no me atrevo a preguntar qué es lo que cada uno cree que es porque no quiero acabar más confundido.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Huerto agrícola en Sri Lanka

Nuestras queridas contrapartes y sus mitos

25 May

transparenteA lo largo de los años la cooperación internacional ha ido cambiando su forma de trabajar, desde la intervención directa al principio, contratando personal local y ejecutando los proyectos directamente, hasta la actualidad, en que prima el fortalecimiento de organizaciones locales, apoyando sus estructuras y la formación de su personal, basado en el respeto por las formas de trabajar y las políticas internas de estas organizaciones. En este período de varios años se ha pasado del extremo de “nosotros sabemos lo que les conviene” al “no vamos a interferir en su forma de trabajar”. Como siempre, los extremos no suelen ser buenos.

Mientras unas ONG’s apuestan por la ayuda sin compromisos, otras lo hacen por la formación y fortalecimiento institucional de la contraparte, y otras, las menos, por verlas como lo que quizás muchas sean: empresas consultoras. Cada ONG, tanto las nuestras como las locales, son un mundo. Por eso cuesta meterlas a todas en un mismo saco y el que “generaliza, generalmente se equivoca” pero voy a atreverme con 3 mitos que seguramente cualquiera que haya trabajado en el ámbito de la cooperación se habrá enfrentado con alguno de ellos.

1-Cultura: la cultura no impuesta enriquece a un pueblo, sobre todo cuando se va absorbiendo poco a poco y también nos enriquece a nosotros, los cooperantes, en nuestra inmersión en estos otros mundos. Pero a menudo, bajo el escudo de la cultura se nos intenta acotar nuestra forma de interactuar con el personal de la contraparte o con los beneficiarios de los proyectos. Es difícil determinar dónde está el límite del respeto y de las formas, pero cuando el objetivo es compartido, la cultura nunca debiera ser un obstáculo. A menudo, escudarse en la cultura suele ser una forma de querer encubrir deficiencias en el proyecto.

2-Transparencia: Las ONG’s deben tener procedimientos transparentes con los que podamos compartir formas de hacer y claridad en los procesos. Algunas ONG locales (y no locales) han hecho de los proyectos una forma de vida, siendo sus prioridades a veces diferentes de los objetivos marcados en el proyecto. La posibilidad de participación en procesos de selección de personal, en los procedimientos internos, en la contabilidad, son ejercicios de transparencia que no se deben ver como injerencia sino como el acompañamiento a procesos que acometen estas organizaciones, al que por supuesto, debemos corresponder en la misma medida, siendo también transparentes.

3-Consultoras: Las ONG’s, de aquí y de allá, reciben dinero público en la mayoría de los casos para acometer un proyecto que han formulado. Hay unos resultados y unos objetivos a cumplir que podría ser realizado tanto por una consultora como por una ONG. Ser una consultora en sí no es malo y se suele tener un mayor nivel de exigencia con ellas, ya que tiene un porcentaje de beneficio empresarial que la ONG no tiene. Cuando una ONG basa su trabajo en una gran parte de voluntarios, se suele aceptar que la calidad y eficacia del trabajo no sea el de una consultora y se valora más la implicación de la sociedad en este tipo de trabajos solidarios. Pero cuando los salarios que cobran los trabajadores de la ONG son equiparables a los de cualquier empresa, sea en un lado como otro del mundo, entonces el nivel de exigencia debe ser equiparable al sueldo recibido y por lo tanto la consecución de resultados debe ser una prioridad inexcusable.

Los fondos revolventes (o Maldito dinero)

23 Mar
Finca agroforestal de cafe en Jinotega, Nicaragua.

Finca agro-forestal de café en Jinotega, Nicaragua.

En muchos proyectos se suelen utilizar fondos revolventes (también se les llama microcréditos) para apoyar los sectores productivos, generalmente en la agricultura o en pequeños negocios. Desde hace años he tenido oportunidad de ver en diferentes proyectos como estos fondos se acaban perdiendo.

Si uno le pregunta a los agricultores que es lo que necesitan siempre dirán que dinero para financiar sus cultivos. Lo mismo ocurre en España donde muchos productores acceden a créditos agrícolas a bajo interés para poder acometer los costes de preparación del terreno y de plantación cuando establecen sus cultivos.

En los proyectos de cooperación intentamos apoyar a los productores mediante créditos, pero con el problema de que no somos economistas, no solemos tener experiencia ni en agricultura ni en economía y al final, por lo menos esta parte del proyecto acaba en desastre. Intentaré, y ya avisé desde un principio que estos intentos eran tímidos, acercarme a alguna de las claves para ver porque no funcionan los créditos y quizás dar algunas ideas de cómo podrían funcionar, por lo menos algo mejor.

Para entender cómo funciona un crédito normal intentaré explicarlo de una forma sencilla. Una entidad de crédito pide dinero prestado, para a su vez prestarlo (es el ejemplo del banco que te paga unos intereses por tus depósitos y los presta a un interés más alto, lo que representa su beneficio en este tipo de negocio. En los países pobres este interés puede estar entre el 8% el interés a pagar por la entidad y el 12% que le cobran a los que a su vez prestan de la entidad. Luego hay otros gastos de gestión, papelería, documentos legales que pueden representar otro 6% sobre el valor a prestar. También se considera la inflación o lo que llaman en algunos países el mantenimiento de valor del dinero, lo que puede representar otro 6%, depende del país y de la inflación. Con ello la entidad financiera se asegura que, una vez recuperado el crédito, siempre tiene el mismo valor de dinero para prestar de acuerdo a la inflación. Finalmente se le carga otro 12% al dinero a prestar ya que el riesgo de impago suele ser elevado. Todo ello nos da un interés en este ejemplo del 36% que a nosotros nos parece elevado pero que en países pobres se considera normal ya que hay entidades verdaderamente usureras que cobran hasta el 50% anual. Una de las trampas que utilizan estas entidades son nunca nombrar el interés anual, sino el mensual ya que suena mucho mejor el “pague sólo el 3% mensual” pero que en realidad es un 36% anual. Otro truco consiste en decir algo como “pague sólo cuotas de 100 X a la semana”, cantidad que suele ser asumible por los prestatarios, pero que representa normalmente unos intereses muy elevados, dato que desconocen los que pagan.

Y ahora llegan los organismos de cooperación y deciden establecer, de acuerdo normalmente con alguna organización o cooperativa local, un fondo revolvente para ayudar a mejorar el nivel de vida de los campesinos, o sea los propios socios de la cooperativa. Se le llama fondo revolvente porque cuando se devuelve el crédito este se “re-vuelve” a dar a otro de los miembros de la organización, al ser normalmente el capital a prestar escaso para poder cubrir a todos los miembros de la cooperativa al mismo tiempo. Las organizaciones de productores o cooperativas están formadas por campesinos, aunque normalmente sus dirigentes suelen ser los más listos y los menos pobres (o más ricos), y éstos nos dicen que ellos se ocuparán de gestionar el fondo revolvente, al mismo interés que cobran las financieras pero con la ventaja

de que estos campesinos no suelen ser objeto de crédito y ahora si lo serán. Cuando a veces, tímidamente, se nos ocurre decir que quizás el interés es muy alto, nos dicen que ellos tienen sus normativas y que cómo se las vamos a cambiar y que esto es además lo que cobran todos, incluso algunos más. Y ahí, ya apabullados, nos quedamos callados, porque normalmente no tenemos argumentos (no somos economistas), y además pensamos que si le damos crédito al agricultor, no importa a qué interés, pues seguro que podrá pagar (no somos agrónomos) y además tenemos un gran respeto por la opinión de nuestras contrapartes, aunque hagan las cosas mal.

Para mí, los errores que cometemos y algunas de las medidas a implementar serían:

* No podemos permitir que se cobre el mismo interés en estas organizaciones que en las financieras ya que nosotros les estamos dando el dinero gratis, o sea que no les cobramos el 8% de interés del ejemplo anterior, por lo que ellos no deberían cobrarle el 12% al productor. Así que ya de momento tenemos que el interés debería ser del 24%.

* A continuación tenemos que las entidades financieras gastan mucho dinero en representación, en marketing para competir frente a las demás financieras así como en personal cualificado. Las organizaciones de productores no gastan nada en marketing (que mejor marketing que el boca a boca de sus miembros diciendo que por fin pueden conseguir un crédito a un interés adecuado), y su personal no suele cobrar salarios altos. Si realmente se quiere ayudar al productor, un porcentaje del 5-6% de la cantidad otorgada debería ser suficiente para cubrir los costos administrativos. El mantenimiento de valor yo no tengo claro que lo tenga que pagar el productor pero se puede dejar el valor del 6% del ejemplo para que mantengamos el valor del dinero a seguir prestando.

* Y en el caso del riesgo no veo porque una entidad que es de los campesinos, debe cobrar intereses elevados por asumir riesgos, cuando se pueden encontrar otras alternativas, ya puestas en práctica en los famosos micro-créditos  La entidad debe tener o elaborar mecanismos internos, para asegurar que los productores puedan garantizar que devolverán el crédito en el tiempo y la forma estipulada, porque además, con esta nueva modalidad, el crédito a pagar ya “sólo” será del 12% anual (no les cobramos el 12% del capital ni el 12% del riesgo), lo cual ya es mucho más asumible para un productor.

* Debemos reforzar las estructuras democráticas y organizativas de la organización de productores o cooperativa ya que muchas veces los miembros de su junta directiva son los que se benefician de los créditos blandos cuando existen o viven a costa de los intereses cuando son altos ya que éstos sirven en parte para pagar sus salarios y elde una estructura administrativa poco eficiente.

* Todo esto se puede complicar y mejorar muchos más, con asistencia técnica por parte de la cooperativa a los productores para garantizar que podrán devolver el crédito, con un plan de manejo de la finca bien hecho, que permita conocer el estado de la finca y su proyección de futuro, el cual se debería alcanzar con el o los créditos otorgados.

Pero quizás en todo esto me meteré otro día, hoy sólo quería dar a conocer mi posición en este tema que tantos dolores de cabeza provoca y en el que me desgañito intentando defender que tenemos la oportunidad de realmente ayudar a los agricultores pobres pero sólo si los intereses son bajos. Espero que compartáis alguna experiencia que me diga o que estoy equivocado o que quizás sí podemos intentar cambiar el rumbo perverso de los fondos revolventes.

He encontrado un documento muy interesante que da una idea de la complejidad de este asunto, muy completo y con mucha información para quien quiera profundizar en ello en:

http://www.ruralfinance.org/capacitacion/guias-de-auto-estudio/credito-agricola/es/?no_cache=1

Sobre los títulos…

7 Mar
Típica plantación de arroz y cocos cerca de Zamboanga, Mindanao

Foto: Típica plantación de arroz y cocos cerca de Zamboanga, Mindanao, donde la gente todavía habla un castellano antiguo, llamado chabacano.

Es un poco atrevido hacer esta página cuando en realidad no tengo tanta experiencia en cooperación, de ahí también la timidez del título. Así que lo que pretendo es contar mis experiencias, las positivas, que también las hay y las negativas que te vas encontrando a lo largo del trabajo en cooperación. No será un blog con tanta sustancia como otros que se encuentran en la red, como el de Gabriel Pons, con quien coincidí un tiempo trabajando en Ingeniería Sin Fronteras-Asociación para el Desarrollo y quien es un intelectual de la cooperación con muchos años de experiencia. Su blog es lasdanaides.wordpress.com  y quizás es el que deberíais realmente leer.

Desde el título hasta los últimos detalles
Cuando se identifica un proyecto de cooperación normalmente se tiene claro lo que se quiere conseguir (o no). Pero en caso de que sí, hay que darle contenido y al final se hace uso del marketing casero a la búsqueda de un “título” que ayude a que un proyecto venda, o sea que sea financiado por alguno de los organismos donantes. A lo largo de los años he visto desfilar muchísimos títulos de proyectos, con algunos nombres como “integral”, la palabra clave en los 80 y que como la moda volvió a estar de actualidad al cabo de algunos años o los más recientes “género” o ”cambio climático”. Estas palabras claves, por tonto que parezca, ayudan y mucho a que un proyecto sea aprobado o no, ya que muchos de los que tienen la última palabra en las altas esferas del correspondiente ministerio de cooperación o grandes organizaciones donantes muchas veces sólo leen el título o bien están interesados en una línea concreta de proyectos, en la línea de la palabra clave, para justificarlo dentro de su política de cooperación.

Una vez aprobado el proyecto casi todo el mundo se olvida del título y se le busca un acrónimo que simplifique el referirse al proyecto así como para facilitar que quepa en las facturas que se expiden y que deben llevar el título del proyecto. Así un “Programa para el fortalecimiento y acompañamiento de las capacidades intrínsecas a la cultura indígena de la zona baja de la cuenca del río Pallá, con especial énfasis en la igualdad de género y las actividades productivas y de comercialización” se convierte una vez iniciado en “El Programa”. Como se ve el título quiere reflejar que se va a potenciar las capacidades de los indígenas, que habitan una cuenca hidrográfica por lo que habrá que tener este factor en cuenta, se pondrá especial atención a las mujeres, y se velará porque la producción agrícola que tengan pueda ser comercializada. Como el trabajo está dividido por componentes, con sus correspondientes especialistas en cada uno, se contará por ejemplo con un experto en sociología indígena, un experto en agricultura, otro experto en marketing, otro de género, siendo cada uno responsable de uno de los apartados que se pusieron en el título. Al estar cada experto inmerso en su expertise, suelen olvidarse de integrarlas con las demás.

Una propuesta sería hacer títulos menos largos y que no intenten reflejar todo el proyecto pero en cambio tener previsto desde el principio la integración de todos los componentes y cómo hacerlo en la práctica. Si tienes alguna otra idea quizás la puedas compartir ¡!