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Filipinas y tifones

18 Nov
Imagen después del tifón Haiyan

Imagen después del tifón Haiyan

Filipinas, con una superficie de unos 300.000 km2 es algo mayor que la mitad de España (505.000 km2) aunque su población dobla a la española con 96 millones de habitantes por nuestros 47 millones. Así la densidad de población es prácticamente cuatro veces más, con 327 habitantes por km2 en vez de los 91 que tiene España. Si a eso le unimos que sus habitantes se encuentran concentrados en unas 4.000 islas de las 7.107 de que consta el archipiélago filipino, además de que los interiores de éstas normalmente se encuentran despoblados y la gente se concentra en la costa, se puede uno imaginar la presión que hay sobre las franjas costeras. Esta presión es poblacional, pero también de los recursos, ya que sus habitantes viven en general todavía con una visión de recolector-cazador, saliendo a mariscar cuando la marea baja, a cortar los árboles de los manglares para la construcción de barcos, cosechando los cocos que crecen fácilmente en esas tierras, por lo que van esquilmando cada vez más su propio entorno. En la mayoría de los casos las aguas residuales van directamente al mar y las basuras también, para así acabar de cerrar el círculo de pobreza y enfermedades. El aumento de población, un elemento determinante pero al que nadie se atreve ni a nombrar, hace que la presión sobre los territorios sea cada vez mayor, con la gente pobre viviendo en los márgenes de los ríos, en palafitos en el mar, siendo por lo tanto las víctimas propicias para cualquier tifón, del que realmente no importa su velocidad sino las condiciones de precariedad que encuentra a su paso. A pesar de que Filipinas es la 46ª economía mundial, el segundo mayor productor de oro del mundo y unos de los mayores productores de cobre, la repartición desigual de la riqueza que están en manos de unas pocas familias y empresas, quienes se reparten el poder y el dinero, perpetúan este sistema desigual corrupto. El sistema de feudalismo familiar está seguramente copiado de la época colonial española, en el que los cargos políticos en pseudo-elecciones democráticas, se heredan entre familiares.

Las organizaciones internacionales y las locales dan cursos y más cursos sobre prevención de desastres, pero el desastre es la propia institucionalidad del país, las condiciones en las que vive la gente y la falta de una planificación estratégica que englobe a las clases más desfavorecidas. Las ONG locales ejecutan los proyectos más preocupados en asegurar sus salarios y viáticos, con personal no especializado mientras las ONG internacionales muchas veces no cuentan con expertos ni con la supervisión suficiente para dar seguimiento al despilfarro del dinero que se hace sin realmente estar previniendo ningún desastre, en aras del “empoderamiento” de las instituciones locales. La asistencia a los cursos de prevención de desastres cuentan con asistencia porque en ellos se da comida gratuita, a los que las mujeres asisten y firman para cumplir con la cuota de género pero en las que realmente se dedican a preparar y repartir la comida.

Con los sistemas de alerta existentes se sabe de la llegada de un tifón de esta magnitud con mucho tiempo de antelación, igual que ocurrió con Haiyan. Así que el problema no es la falta de prevención sino que las personas no abandonan sus casas por miedo al saqueo y por ellos esperan hasta el último momento, cuando ya es tarde. Las autoridades claramente no han estado preparadas ni antes ni después, no hay suficientes lugares seguros donde resguardarse y no hay un ordenamiento territorial que evite el establecimiento de la población en lugares de riesgo. Aunque la legislación filipina contempla todas estas medidas, trabajando allá pude ver que desde los más poderosos hasta los más pobres, todos se saltan estas leyes.

Se investiga y escribe mucho sobre cambio climático, pero hay una brecha entre la investigación y la realidad de las poblaciones afectadas. En esta brecha es donde más habría que trabajar y es donde los intermediarios, las organizaciones internacionales y gobiernos locales están fracasando. El año que viene habrá más tifones. El problema no es Haiyan, el problema somos todos los que trabajamos en esto y no somos capaces de cambiar las cosas.